Hay diferencias entre la interpretación coherente del sistema (como mapa ideológico, como problema general), y la incoherencia de la actividad cotidiana (dispersa, contaminante y local). Cuando Michel de Certeau desarrolla su glosario de tácticas en La invención de lo cotidiano, lo hace justamente para contrapuntear el aire estratégico y generalista del análisis del discurso de Foucault. Mientras que Foucault piensa en términos de “sistema”, puesto que el discurso mismo está en el vientre del poder que lo autoriza, De Certeau defiende un pensamiento “táctico”, referido a los usos y a las apropiaciones “indebidas” del discurso, a la actividad juguetona que aparece aprovechando el momento oportuno, a las acciones invisibles: al disenso particular. La táctica tiene el poder de canalizar localmente las fuerzas para disponer del espacio adecuado para inventar otras formas de subjetividad, otro tipo de disidencia ocasional, imprevisible. Si el”'arte comprometid”' tiene como principal objetivo ser antagónico de los sistemas de poder, jerarquizados, y virtualmente armónicos, actuando como una suerte de opositor a su discurso, el pensamiento táctico aparece repentinamente bajo una lógica sumativa, expansiva y atonal, que toma el discurso y lo re-construye consumiéndolo. Y también podría haber un arte de la táctica o un arte táctico. El arte podría recuperar entonces sus significados más prosaicos, los que se referían a las habilidades del artista, que podrían extenderse aquí a las habilidades del sujeto, como alguien que tiene que inventarse mucho, que tiene que solucionar rápidamente sus problemáticas desplegando todo lo que sabe y aprendiendo en el proceso, siempre a jornada completa y siempre sobre la marcha. No se trata de hablar de la vida, sino de vivir Se trata de no perder más el tiempo, de utilizar el mundo como viene, de desarrollar las tácticas que sean necesarias, de combatir en la cocina, de sacarnos el sentido de la manga, de montar una empresa, de jugar, de mover las fichas, de lamer a un perro, de caminar por la cuneta, de postasiar, de memorizar un libro, de salir de fiesta, de seleccionar unas naranjas, de focalizar la intolerancia, de escribir sobre la marcha, de leer la biblia o de matar una paloma. Se trata de mantenerse en alerta, de ser un transeúnte, de documentarlo todo, de decir lo que sea siempre que haya algo que decir. Pero rápido, no hay tiempo que perder. Y si a esto otro no le llamamos arte ¿qué más da?.
FUENTES:
http://www.bifurcaciones.cl/007/colerese/bifurcaciones_007_reserva.pdf
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