sábado, 5 de septiembre de 2009

"La reconquista del espacio urbano por el poeta caminante - Flaneur"

La figura del flaneur, del caminante, del paseante, del que deambula, del poeta en que se ha convertido desde que aparece en un concepto, como una clave para comprender las experiencias urbanas contemporáneas, sin embargo surgidas desde la segunda mitad del siglo XIX, o al menos así determinadas. Estás figuras que empezaron a formar las ciudades, las sociedades, formas de habitar y de pertenecer de alguna manera a espacios en las ciudades.
El flaneur baudelaireano, es el personaje observador, que mira de forma peculiar, y que está engendrado por una ciudad populosa. Es un caminante callejero que pasea sin objeto alguno. Walter Benjamín analizó la aparición de la figura flaneur , como el caminante que vive en la soledad urbana, es decir, la soledad en medio de una muchedumbre o masa urbana. Éste se abre camino entre la multitud que, a un tiempo, le atrae y le repele.
Este encuentro con la multitud amorfa que recorre la ciudad, constituye para el flaneur lo que Benjamín llama-tomándolo de Freud- "shock traumático". Es una experiencia que nunca cesará de evocar, de contar, de poetizar el fin utópico del flaneur, es dotar de un alma a la multitud, espiritualizarla.
Posteriormente, ya formando parte de la ciudad, la figura del flaneur , se distancia, recorriendo los espacios vacíos, las callejuelas, los suburbios silenciosos a donde la multitud no llega. Sin embargo ese silencio es, un ominoso reverso del rumor de las calles pobladas.
En los últimos años, la percepción individual de la ciudad en todos sus matices y complejidades, se ha convertido en uno de los focos de la investigación. Para ello la figura conceptual del flaneur, dada o introducida por Baudelaire, proporciona un instrumento o se vuelve este, de análisis muy útil.
Mas como estoy, amigos, al azar caminando, mirando a todas partes, nada más que mirando,
y no hayo en mis bolsillos ni lápiz, ni papel (la pipa, unos centavos, un tabaco de miel), para fijar
siquiera el momento que pasa, y aún me falta bastante para llegar a casa,
en vez del gran poema que me diera la gloria,
confío unas palabras vagas a la memoria.
En el curso de la experiencia de una persona, el cuerpo del paseante urbano, como cuerpo fenomenológico
que es, se siente en estado de guerra consigo mismo, se excita, se ansía. El mundo de la ciudad conforma
el escaparate ideal para una erotología de los sentidos en la que el paseante no sólo constituye una relación
semiótica con las redes del espacio que lo envuelven, sino que sus recorridos lo llevan a establecer una exploración
erótica del topos de la calle como lugar exterior de descubrimiento cotidiano.
revistas.ucm.es.erotología de los sentidos: el flaneur y la embriaguez de la calle.
Baudelaire, Charles, Las flores del mal.

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