domingo, 22 de noviembre de 2009

Miwon Kwon. One Place after another...

Un comentario con Ana María Guasch.
De acuerdo con Miwon Kwon, el artista no es un "hacedor de objetos" (la fase de producción - reproducción habría concluido) sino como "progenitor de significados", ya que junto a las condiciones iniciales de viajero y observador se le exigen dotes interpretativas, de búsqueda de significados. Y es precisamente esta condición alegórica, esta alegoría etnográfica es la que salvaría al arte de convertirse en documento o inventario.
Son muchos los artistas que en la actualidad trabajan bajo estos registros etnográficos horizontales, o vueltos hacia la producción de lo local sin detrimento de su condición de artistas globales: Chantal Ackerman, Antoni Muntadas, Gabriel Orozco, José Alejandro Restrepo, Santiago Sierra, Rogelio López Cuenca, The Atlas Group, Multiplicity collective, Renne Green. Por tanto esto se vuelve global o intercultural.
Lo que se debe aportar es un nuevo concepto cultural que clarifique las actuales tendencias a la globalización y a la resistencia a la globalización. Pensamos en este sentido que habría que reemplazar el multiculturalismo por otra filosofía política, la del interculturalismo, es decir la del intercambio de culturas a través de las naciones, con todo lo que ello supone: una nueva apropiación de lo nacional y renovados contactos críticos con lo internacional. Lo intercultural estaría en este sentido mas cerca de lo transcultural, como menciona Mosquera, que de lo multicultural (entendiendo por multicultural aquello que hace referencia a la cohabitación de diferentes grupos culturales y étnicos dentro de un marco común de ciudadanía), y en el, ni lo nacional ni el nacionalismo de resistencia calificado por algunos teóricos poscoloniales de coercitivo, elitista, autoritario, esencialista y reaccionario tendría futuro.
El futuro estaría en lo intercultural que supera la antigua dicotomía identidad/diferencia y los diálogos entre distintos contextos nacionales a través de una potenciación de las subjetividades, de las realidades particulares de cada ser humano más allá del concepto de lo "étnico" y de un mayor diálogo entre lo universal y lo local, entendiendo por local sitio o lugar más desde la perspectiva de relación y contexto que de la escala o el espacio. Porque hay que reconocer que en la actualidad, más que nunca, los numerosos grupos humanos y poblaciones desplazadas, desterritorializadas y transeúntes que conforman los "paisajes étnicos del mundo contemporáneo" se hallan envueltos en la construcción de lo local en tanto estructura de sentimientos y como respuesta a la erosión, la dispersión y la implosión de la homogeneización global"
Sólo así se pueden materializar operaciones tan necesarias de un globalismo en el nuevo mapa de lo "pospolítico", operaciones como las que anuncian grandes proyectos culturales relativos al flujo cultural global, algunos precedentes del ámbito del museo (como lo que ha ocurrido en el Guggenheim de Bilbao) y otros del impacto de la globalización en las grandes citas internacionales de arte y en las bienales periféricas. En estos casos, la agenda utópica de ruptura de fronteras y de ir más allá de la tan manoseada identidad sui generis puede también acabar en distopía, el pasaporte global que parecen disfrutar algunos frente a una mayor consciencia del aislamiento que caracteriza a otros. Y cuando hablamos de distopía hacemos alusión a lo que cancela las diferencias locales, las identidades locales esenciales, los modelos de conocimiento tradicionales y la rica diversidad de culturas, a favor de un mayor control por parte de las estructuras de poder.

Fuentes:
-Gerardo Mosquera, "Robando el pastel global. Globalizacion, diferencia y apropiación cultural", en José Jiménez y Fernando Castro (eds.), Horizontes del arte latinoamericano. Tecnos, Madrid, 1999.
-Miwon Kwon, One Place After Another. Site-Specific Art and Locational Identity. Cambridge, Mass. Y Londres, MIT Press, 2002.

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